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sábado, noviembre 28, 2009

Jude, de oscuro nada, de desgraciado mucho...

"-¿Adónde nos vamos?-preguntó el pequeño Tiempo, preocupado.

-Partiremos en secreto... Iremos a Alfredston, o a Melchester, o a Shaston, o a Chrisminster. Y si no podemos ir a cualquier otro sitio.

-¿Y por qué tenemos que ir allá, padre?

-Porque hay una nube que se cierne sobre nosotros; aunque no hemos ofendido a ningún hombre, ni hemos corrompido a ningún hombre, ni hemos engañado a ningún hombre. Sino que hemos hecho lo que era justo a nuestros propios ojos."




Hace apenas dos días me terminé una novela de Thomas Hardy llamada Jude, el Oscuro.


¡¡BUFFF!! Obra maestra. Pero es un libro con manual de instrucciones. El autor por lo visto lo escribió como ejemplo de lo que no se debe hacer, pero hoy día lo tomamos como ejemplo de todo lo contrario... casi. Como muestra de la hipocresía más salvaje oculta detrás de "lo moral, lo correcto". Y que me aspen si el autor no pensaba lo mismo, porque el libro rebosa una amarga pero BRILLANTE ironía al respecto. De hecho el pobre hombre recibió tales críticas que no volvió a escribir prosa en su vida O_o Es que escribir en la época de la moralidad un libro sobre cómo la moralidad te destroza la vida, un libro sobre que el matrimonio es discutible, sobre relaciones prematrimoniales y divorcio... es cuanto menos arriesgadillo. Todo el que se adelanta a la época se desgracia, pero es admirado un siglo más tarde. C'est la vie!.



El susodicho. Pobre hombre, qué malos son a veces los lectores...


En realidad, le tenía ganas al libro nada menos que desde mi primer año en la universidad, cuando el profesor de estudios literarios lo nombró como un libro atrevido, inmoral, tan oscuro como decía el título (todo esto para la época, por supuesto). Y como todos sabemos, lo prohibido, lo que tanto se censura, lo que en su época fue un escándalo despierta de repente la curiosidad y la pregunta de rigor: "uy, ¿y por qué será?" Ese mismo año me lo apunté como lectura veranigea, pero por una cosa u otra jamás llegué a leerlo. Hasta este año, cuando volvió a ser nombrado en Literatura de cuarto. Y menos mal que esperé para leerlo, porque después de cuatro años de estudios culturales e históricos, lo he saboreado con enorme gusto.

Los protagonistas tuvieron la mala suerte de nacer en la época equivocada. Un soñador que sueña con ser teólogo en la ciudad de las artes y el conocimiento y una mujer con ideas propias sobre el matrimonio, la religión y el amor. Hoy día no resulta nada extraño, pero en plena época victoriana es otro cantar. ¿Qué se debe hacer, lo que la sociedad cree que es lo correcto y casarte sin amor, entregar tu cuerpo a un hombre que te repudia y ser infeliz el resto de tu vida, o vivir fuera del matrimonio con el hombre que amas y que encima es tu alma gemela, tener hijos y ser feliz, sabiendo que la sociedad te ve como a un monstruo?

Jude se desposa con Arabella por haberla dejado embarazada, pero ninguno de los dos es feliz. Al poco se enamora de Sue, y ella de él: son auténticas almas gemelas. Pero Sue, una chica muy avanzada para su época, se quiere casar con el profesor Phillotson porque piensa que es lo correcto. Con divorcio incluído de sus respectivos, Jude y Sue se limitan a seguir sus corazones y pasar del matrimonio, y la sociedad les responde con rechazo, intolerancia y miedo. Y el destino les paga con la tragedia...

Muy duro. De hecho, mis profesoras de literatura sonrieron con nerviosismo y resoplaron y me miraron con ojos como platos (esa mirada de extrañeza mezclada con admiración: exagerando, algo así como ¡¡un alumno que ha leído ese libro, mi trabajo tiene sentido! XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD) cuando les dije que la estaba leyendo. Ya lo he comentado con una, estoy deseando comentarlo con la otra. Como intelectuales, como debe ser en una carrera de Humanidades. Dios, adoro mi carrera.

...

Perdón, se me fue la olla. Seguimos con Jude...




¿Ein? Pero si en la peli sale sin barba...




Ah, mejor así XD


Como casi todo libro que ha significado algo por un motivo u otro, la adaptación al cine, de 1996, cuenta en el papel de protagonista con nada más y nada menos que mi querido Noveno Doctor, Christopher Eccleston ^_^ Eccleston, sin e al final (es un chiste que tengo con mis primos XD).



La peli la bajé hace unos meses. Ya ni recuerdo cómo me enteré de que salía Christopher Eccleston... sí, fue el principal atractivo para bajármela, lo reconozco ^^U Y al enterarme, de paso me di cuenta de que era una adaptación de ese famoso "libro prohibido" del que me habían hablado en primero de carrera; hasta entonces para mí había sido esa película de Kate Winslet de los noventa (reconozco que durante años pensé que el Jude del título era por ella, que era un nombre de tía, vamos...)



Es un peliculón. Eso sí, no es recomendable verla si sufres una mala racha o si los niños te crean un sentimiento especial... ¡Spoilers! (odio tener que usar esta palabra desde que vi cierto episodio del Doctor ¬¬). No es que sea tampoco el dramón del siglo (el libro es un poco más fuerte cuando va llegando al final), pero la lagrimilla cae con facilidad. Sobre todo por la historia en sí, que a ojos del siglo XXI es terriblemente injusta. Eso sí, está muy bien adaptada. Siempre diré que un libro y una novela no son la misma cosa y una peli 100% la novela es INFUMABLE, sobre todo una novela tan llena de carga filosófica y de páginas de diálogos duros y complejos. Pero para el caso, es una adaptación EXCELENTE. Pero si hasta se divide en episodios y todo.



Christopher Eccleston está A-DO-RA-BLE. No podían haber elegido un Jude mejor, con sus facciones duras e imponentes, pero tiernas con ganas, casi de hermanito pequeño que quieres proteger, que se corresponden perfectamente con el personaje en sí: decidido y valiente, pero enormemente sensible. Un amor, vamos. A nuestros ojos, que en el siglo XIX fue otro cantar.



Y se le ve claramente el cuuuuuuuuuuúmulo de cualidades propias de un buen actor británico de pura cepa, esa forma de hablar sin palabras, ese...

Vale, se le ve todo el culo.

Eso sí, de eso no pienso poner foto. A Kate Winslet, por cierto, se le ven más cosas O__O

Pues nada, para no enrollarme más, anoche estaba yo tan tranquila viendo mi película, sonriente porque entendía todo sin subtítulos y porque estaba siendo 100% fiel al libro, y de repente, me encuentro con esto...



XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

JURO QUE NO TENÍA NI IDEA. No me lo esperaba para nada. Qué ataque de risa. Qué momentazo WHAT-THE-FUCK. Por si no había sido suficiente ver a Tom Baker "Simpsoneado" en el episodio de Luke Skywalker en un musical (que desde que soy fan del Doctor no había vuelto a ver ese episodio, y claro, ahora lo veo con otros ojos XD) media hora antes de ponerme la peli.

David Tennant, nada más y nada menos. Una voz familiar, DEMASIADO familiar, y ahí estaba de repente. Fueron 15 segundos totales de estelar aparición, con 25 añetes de nada (¡mi edad!); haciendo sus pinitos, vamos. El destino, caprichoso como él solo, uniéndolos una década antes. Prepárate señor Eccleston, que en una década más o menos te conviertes en él, LITERALMENTE XDDDD (odio encasillar actores, pero es que si no, me quedo sin chiste ^^U)





En definitiva, una peli más recomendable si os considerais de lo más humanistas, amantes de la historia y las culturas, abiertos a debates filosóficos pero que en el fondo os gusta sufrir, panda de masoquistas... yo me incluyo, no insulto a nadie XD




sábado, febrero 28, 2009

200 latidos por minuto

El corazón delator

Edgar Allan Poe


¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.

Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.

Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!

Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?

Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.

Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!

-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!

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X3

Adoro este cuento.

Feliz 200 aniversario del nacimiento del gran Edgar Allan Poe.

(el título del post es por lo del 200 aniversario. Por si acaso XD)

viernes, marzo 23, 2007

Free Talk XXIV

Modo actual: En letargo.


Aquí estoy, ya muy (más o menos) recuperada del resfriado/catarrón resultado de haber ido al Salón del Manga en sus primeros coletazos y dolores de garganta. Ahora lo que estoy es atontada, supongo que de tanto dormir, no he tenido ganas de otra cosa. Una semana que he estado en casa desganada y un poco tristona, haciendo más bien poco (qué asco, lo rápido que pasa el tiempo, y cuando te vienes a dar cuenta no has hecho nada de provecho). Bueno, al menos me terminé de leer
Drácula (curioso libro, para no haber estado escrito en el Romanticismo, lo parece) y al menos he tenido los apuntes al día (excepto los de ayer y hoy). Nada, el lunes vuelta a la rutina, una semanita más y están aquí las vacaciones de Semana Santa que pienso aprovechar como una loca (eso espero, que siempre digo lo mismo ¬_¬). Aunque seguramente estudiaré (un poco XD) por las mañanas, que ya que en Lingüística dan la oportunidad de presentarse a finales de Abril para no ir a Junio con cerca de 40 preguntas, pues se agradece, y sería idiota si lo dejara pasar. Y además tenemos trabajo en grupo, vamos, que más me vale aprovechar las tardes ahora que han vuelto más o menos las ganas de escribir. Me tengo que mentalizar y poner todas mis energías: Noe, estudia y empieza el trabajo en esta semana que queda, y disfruta la Semana Santa como una enana. He dicho.

Mañana pensamos ir a asaltar la sección de comida de Europa en el Hipercor, que ya está a punto de terminar, y de paso tengo que comprar DVD para grabar todos los animes que, después del Salón del Manga, finalmente he decidido sentarme a ver.


Más lecturas: a los fans del terror tipo Stephen King os recomiendo
muy mucho un relato corto, lo encontré en un libro de segunda mano que Martinez Roca sacó en los 80, de una serie de libros de relatos de terror, en concreto el libro es Visiones Macabras. El relato está escrito por un tal Ray Garton, y se llama Monstruos. Seguro que a estas alturas está más que olvidado, pero me gustó mucho :D :D Hacía tiempo que un relato no me enganchaba tanto, Garton se ha ganado mi admiración, pues después de King no he leído a otro autor tan escalofriante (y el propio King ha dicho mucho bueno de él)

http://www.ttrantor.org/AutPag.asp?autor=Garton%2C+Ray


ESCRIBIENDO... sí, todavía hago esas cosas XD

Fans del relato del joven Holmes, si hay todavía alguno, por fin he remontado con el episodio 8. Tengo ya unas nueve páginas aunque desordenadas, y no creo que demore mucho más el terminarlo. Ahora que empieza lo bueno, estoy deseando terminarlo, uuuh, la que les espera a Holmes y Watson XD

Del diario de Lily otro tanto. Lo tengo tan abandonado que me he propuesto saltarme la norma de "llevarlo a tiempo real" (menos en año, lógico" y escribir, en pleno marzo, entradas referentes a Diciembre, Enero y Febrero, o si no será una locura ponerlo todo junto en Marzo (aparte que Lily ya no tiene excusas para escribir tan poco XD)


DIBUJANDO ¿de verdad, dibujo? O_o

Aparte de que debería ponerme YA con los dibujos que quedan para Viki Tapada (es que como no me den una fecha de entrega, me dejo ir mucho XD), últimamente me ha dado por volver al manga. Me alegra ver que sigue saliéndome más o menos decente, pero... ni de lejos dibujo como antes, en cuanto a productividad, me refiero. Ojalá que esta mala racha se vaya pronto. Todo lo que pienso dibujar en verano es inhumano XD

Bueno, un dibu sin terminar sobre mi fan-personaje de
Digimon.



Hablando de dibujos... Me muero de ganas por seguir dibujando escenas del relato de Holmes, pero estoy totalmente falta de ideas. O no me viene ninguna escena, o me vienen miles a la vez. Sé que voy a tardar meses en empezarlas si es que lo hago alguna vez XDDD pero pliiiiis, si alguno tiene alguna escena que le gustaría ver dibujada, que no dude en decírmelo...