viernes, noviembre 04, 2005

Días felices y diarios paranoicos

¡Qué día tan maravilloso! Llueve a cántaros, hace frío, ya saqué del armario la manta, mi gata me adora, ya estrenamos la ropa de invierno, me está saliendo una acuarela fabulosa que espero no estropear...

Sin duda, estoy feliz.

...

¿Se nota que no tengo mucho que decir?

Bueno, las cosas me están yendo bien. Me siento mucho mejor de todos mis achaques, tanto los psicosomáticos como los que no (aunque esta semana una muela del juicio me está dando por saco por primera vez). He pensado en que tengo un análisis a fin de mes y cada día me da un poco más igual (total, media hora de taquicardias en la sala de espera, un minuto en que me creo morir, tres minutos de espasmos en la camilla y pa'a casa XDDD). Últimamente me salen buenos trabajos, tanto en mis relatos, fanfics y chorras varias como en mis dibujos... No me puedo quejar, pensé que esta semana de reposo me iba a deprimir, ¡pero al contrario! El lunes empiezo el taller de relajación, vamos a ver cómo va. Lo que es seguro es que me guste la experiencia o no, me apuntaré a ese tipo de clases desde que tenga un trabajo y un sueldo que me lo permita.

Ahora solo falta que me llamen de alguno.

...

Ains.

¿Os he hablado del Diario de Lady Gibberne, verdad?

Pues es una especie de diario-fanfic-parodia humorística de la vida victoriana, hecha en El Gibbernetorium, mi Espacio de MSN, que solo pueden ver mis contactos (o eso tengo marcado en el blog de msn) de dicho programa (es que me da como cosa que lo lea cualquiera, aunque si me gustaria que lo leyeran los colegas de internet que no tengo en el msn, por eso me da un poco de pena...) El caso es que no sé que le hecho, no sé que tiene, que a la gente le encanta... Sigo sin explicármelo.

Os dejo con un episodio para que veáis que la poca cordura que me quedaba la perdí creando mi versión victoriana :P




De pedidas y nervios

Del Diario de Lady Gibberne, a 29 de Octubre de 1889.

Er... ¿os he contado ya mi pedida de mano? Seguro que no. No sé si es el embarazo (ahora mi aporte de sangre al cerebro se divide para dos personas... o tres... *traga saliva*), pero ando más despistada que de costumbre, y eso ya es decir demasiado... Menos mal que la doncella hace la siempre compra desde que me han obligado a reposar, o capaz que confundo berenjenas con zanahorias.


Todo empezó un día completamente normal (como siempre suelen empezar las cosas más curiosas). Mi madre y yo tomábamos el té en el salón y el gato dormitaba en la alfombra. El sol brillaba, los niños de la calle gritaban, y un ómnibus pasaba cada quince minutos haciendo vibrar los cristales...

Lo dicho, un día totalmente normal.

Hasta que de repente mi madre, cuando le conté lo que Cedric y yo habíamos visto el día anterior paseando por Bond Street, me hizo una pregunta un tanto peculiar:

"Querida, ¿ya te ha pedido que te cases con él?"

Me atraganté con el té, y las pastas se cayeron al suelo (el gato no tardó en lanzarse sobre ellas; así estaba de gordo, si cada vez que mi madre asustaba a alguien que tomaba el té se ponía las botas...)

"¿Qué?"

"Cedric, Lily... ¿cuándo va a pedir tu mano? ¿Es que vais a seguir prometidos de por vida?"

"¿Prometidos?"

"..."

Me había quedado en blanco. ¿Prometidos? ¿Eso éramos? Hasta el momento del beso en el umbral de mi casa, sólo habíamos salido como dos buenos amigos. Aunque según mi madre, eso era imposible.

"¿¿Amigos?? ¡Un hombre y una mujer no pueden ser amigos, eso es ridículo!"

Le di la razon, pero la razón del tonto. Y con una gran sonrisa, que fastidia más.

Pero mi madre me había planteado algo que hasta el momento, ni siquiera había pasado por mi alocada cabecita.

¿Estaba preparada para casarme? Bueno, una mujer no debía ni planteárselo, así es nuestra época: nacemos para prometernos y casarnos, o si no, nos llaman respetables señoras que viven solas porque no hallaron el amor (o solteronas amargadas que viven en una casa llena de gatos).

Esa tarde fui a ver a mi hermana Claudia (ni pensar quería en qué la había interrumpido cuando me recibió colocándose el moño, con las ropas revueltas, y su marido trastabillando al fondo con la corbata y los tirantes y sonriendo con disimulo). Tomamos té con pastas juntas, y no sé qué pasó por mi cabeza en ese momento (creo que Claudia le pone algo al té, tengo esa sospecha...) que le conté lo que había dicho nuestra madre.

"¿Que no te lo ha pedido todavía? Cariño, ¿estás segura de que... bueno... le atraen las faldas?"

"¡¡Claudia!!"

"Cedric es un hombre muy distinguido, querida" se quedó pensativa "Quizá algo raro... (en eso no podía discutirle) pero un auténtico caballero. Y es tan alto, y esa nariz. Qué tamaño, seguro que no es lo único que tiene tan..." cambió de tema rápidamente, supongo que al ver mi cara de espanto. "Y es inteligente, ¡y es profesor! Profesor, querida... ¿a qué esperas?"

Mi hermana tenía razón, muy a mi pesar. Yo sabía que Cedric me quería, o al menos, mostraba un gran interés por mí.

Había pasado nervios conociendo a mis padres; eso delataba a cualquiera (claro que cualquiera pasa nervios al conocer a mis padres). Me había invitado a su primera conferencia. Había sufrido una innombrable vergüenza al sorprendernos mi madre a solas. Y me había besado bajo las estrellas.

Pero nunca, en ningún momento, pasó por mi cabeza la idea del matrimonio.

¿Y yo? ¿yo le amaba? ¿Realmente quería que Cedric fuera el hombre de mi vida?

Por supuesto. ¿A qué estaba esperando para pedírmelo?

Me parecía encantador... Pero tan despistado...

...

Maldita sea, que fuera siempre el hombre el que diera ese paso...

Dos días después, un domingo, Cedric y yo decidimos ir a tomar la merienda al parque (sí, pudimos volver... aquel incidente tan curioso se había olvidado hace semanas porque pillaron a una pareja sin zapatos en el césped y ella tenía los tobillos desnudos, ahora eran la comidilla de todo el parque). Mi madre había preparado sus deliciosos bollos de pasas (esos que según ella Claudia adora tanto) y yo había hecho mis pinitos con una tarta que no estaba muy mal.

Como si el tiempo adivinara lo que va a pasar, recuerdo pocas veces haber tenido un día tan radiante como aquel. El sol brillaba, pero corría una fresca brisa que no te pegaba la ropa al cuerpo; los pájaros cantaban, tralarí, tralará...

Yo pensaba en lo que mi madre y Claudia me habían dicho, y me preguntaba qué sentiría Cedric. Pero se me había adelantado él solo en cuanto a preocupaciones, o eso parecía. Apenas sacaba las manos de los bolsillos, especialmente del izquierdo. De vez en cuando le veía cerrar los ojos y respirar profundamente. Otras veces parecía demasiado concentrado en pensar algo, aislado del mundo, y de mí también. ¿Qué le pasaba ese día tan radiante donde los pájaros cantaban?

"Lily... Querida..."

"¿Sí?"

Qué serio se había puesto. Qué miedo. Pero en su mirada vi parte de ese brillo que tenía el día en que me besó por primera vez.

"Eh... esto..." me sonrió, pero la sonrisa, aparte de exagerada, era horriblemente falsa "¿Verdad que hace un día estupendo? ¡Ji, ji, ji...! "

Reí ligeramente como respuesta y seguí caminando. Oí un suspiro tembloroso a mis espaldas. Me giré para mirarle; sacó un pañuelo del bolsillo y se secó la frente, perlada de sudor. Ni sabía que le estaba mirando. Volvió a guardarlo y se tocó la frente, farfullando algo... Arquée una ceja en un gesto de la más completa extrañeza, y seguí caminando. Volví a girarme. Un momento, ¿se estaba tomando el pulso? Definitivamente, Cedric ese día estaba más raro que nunca, y eso tenía mérito.

"¿Te encuentras bien?" le pregunté, sin poder contenerme al ver que miraba al cielo murmurando Dios sabe qué.

"Claro... ¡Nunca he estado mejor!"

Le hubiera creído si no fuera por el minuto y pico que tardó en decir "claro".

Seguimos caminando, parando de vez en cuando en un banco, o al lado de un árbol. Cedric reía nerviosamente con todo lo que le decía (me da que ni me estaba escuchando...) y continuamente tenía la mirada perdida en el horizonte, como esperando algo... Aquello parecía más grave que una ecuación matemática que no acababa de cuadrarle. Casi parecía como si esperase que alguien fuera a lanzársele encima para matarle.

Finalmente, extendimos la manta al lado del río para comer algo. Yo disfruté la merienda con apetito, pero Cedric ni probó bocado. Clavaba la mirada en la hierba (yo hasta miraba de vez en cuando, pensando que a lo mejor había visto algún bicho interesante, y cuando Cedric me miraba raro volvía a mi sitio) y a veces los labios se le movían levemente, como susurrando. Era la misma cara de concentración que ponía cuando se estaba aprendiendo algo de memoria. ¿Tendría alguna clase importante?
"Lily..."

Me giré para mirarle. Pareció dar un sobresalto. Me cogió de las manos y contuve una exclamación; no había tocado nada tan helado desde la nieve durante el último invierno.

"Verás Lily... Yo... quería decirte algo..." comenzó; parecía estar quedándose sin aliento a cada palabra que decía "Espera, no puedo seguir..." me soltó un momento, atento a otra cosa "Ciento ochenta y cuatro pulsaciones... ventiséis más que en los ensayos... esto no estaba previsto", farfullaba para sí mismo. "Tranquilo, Cedric, a ver... respira hondo... "

Yo miraba a mi alrededor sin apenas mover la cabeza, deseando que ojalá nadie estuviera reparando en nosotros. Finalmente Cedric, tras unas cuantas inspiraciones profundas y aspavientos los cuales no pude evitar que me resultaran cómicos, pareció recuperar el suficiente aliento, y volvió a cogerme de las manos, nervioso, mirándome con los ojos brillantes.

"Yo... Verás... desde que te conozco... cuando te tengo cerca... siento mi organo asimilador de alimentos repleto de 'Pseudolycaena Marsias'. Cada fibra muscular de mi anatomía se expande; mi musculo cardíaco aumenta sus contracciones y mi masa gris sufre un colapso. Mis alveolos pulmonares son incapaz de seguir transformando el oxígeno en dioxido de carbono y mis glóbulos rojos se amontonan en las capas cutáneas que rodean mi rostro sobre mis músculos labiares, los cuales se retuercen como si les afectase una temperatura de quince grados bajo cero, y sufro una excesiva secreción sudorípara en la dermis que protege mis manos..."

"..."

Jamás había visto a alguien declararse de una forma tan... ¿científica? Me quedé con cara de tonta. Sólo más adelante lo entendí. Cedric es un encanto, pero lejos de lo científico a veces es como un pez fuera del agua (no solo no sabe desenvolverse, sino que ni puede respirar). Estaba tan nervioso, que sólo pudo hacerlo refugiándose en su ciencia, su terreno, donde se siente seguro ( y aún así, se notaba que sufría de todos esos síntomas...) Ver cómo se esfuerza por ser romántico y tierno lo hace todavía más encantador...

"Oh..." fue lo único que atiné a decir. Me había perdido en la pseudo... en esa cosa que normalmente se llama mariposa.

Entonces Cedric dio un enorme suspiro, como quien se libra de lo peor, y metió la mano en el bolsillo del pantalón (casi no acierta con el agujero de tanto que temblaba). Sacó una pequeña cajita de color granate, que parecía de terciopelo, y me la mostró entre sus manos. Una de las dos se preparaba para abrirla.
Oh cielo santo; oh cielo santo.

Me miró, intentando proferir una sonrisa.

"¿Quieres... te gustaría... querrías... podrías...?"

"¿Sí?..."

Conté como diez sinónimos de querer, pero no dije nada. Mi imaginación se estaba desbordando. Lo sabía, sabía lo que quería pedirme... Contuve un pataleo frenético. Ahora eran mis células las que no efectuaban la combustión de... perdón, quiero decir que apenas podía respirar, y puro nervio, empecé a mover uno de los pies a una velocidad que ni yo esperaba alcanzar.

Cedric cerró los ojos y suspiró tan fuerte que pensé que había cogido aire como para toda una semana. Abrió la caja, y me miró con una sonrisa.

"Lily, ¿quieres casarte conmigo?"
Oh...

Cielos...

Yo veía un anillo dentro de la caja. Sí, era un anillo, no estaba alucinando. ¿Qué tipo de alucinaciones te hacen ver anillos? ¿Tendría fiebre? No. Estaba más bien helada. La piedra era de color violáceo y el anillo de plata. Plata bonita... ¿Cuántas pulsaciones había dicho Cedric antes? Creo que yo había doblado el número. Con razón el pobre no podía ni hablar...

Me dediqué a mirar el anillo, boquibierta. Abrí la boca, la cerré... Parpadée... Otra vez abrí la boca... No sabía ni qué decir. Y no dije nada, solo miré a Cedric (que me suplicaba una respuesta con la mirada, sin duda, sus ojos parecían decir "Dime que sí, o dime que no, PERO DIME ALGO"), proferí unos grititos que parecían risitas y le abracé con fuerza. Él me devolvió el abrazo, riendo de puro alivio, más contento y satisfecho que cuando descubre una fómula (eso era todo un honor). Los dos reíamos como tontuelos. ¿Y quién de los dos era el que temblaba tanto, él o yo?

Y nos dimos un beso. A él nunca lo había visto tan radiante), y yo tenía lágrimas en los ojos. ¿Nos miraba todo el mundo? ¡Me daba igual! ¡Que mirasen! ¡Ibamos a casarnos! Ya podíamos darnos un beso en el parque, ¿no?...

5 comentarios:

河曲勝人 - Kawano Katsuhito dijo...

¡Enhorabuena, Noe, lo has vuelto a hacer! Al igual que con tu cómic sobre Sherlock Holmes en su momento (nota mental: hacer una visita a tu galería en DeviantArt, por donde llevo mucho tiempo sin pasarme, y ver si hay nuevas páginas), con sólo esta pequeña muestra ya has logrado que me quede con unas enormes ganas de saber cómo sigue la historia. A mí no me extraña que haya tenido el éxito que dices.

Tan sólo hay una cosa que creo que debes corregir, esta frase:

"Menos mal que la doncella hace la siempre compra desde que me han obligado a reposar, o capaz que confundo berenjenas con zanahorias."

Me imagino que quieres decir algo así:

"Menos mal que la doncella hace la compra siempre desde que me han obligado a reposar, porque yo soy capaz de confundir berenjenas con zanahorias"

Por lo demás, impecable. La historia promete bastante, está bien narrada y hace que como mínimo el lector esboce una sonrisa (yo me he reído abiertamente en algunos momentos mientras leía). Como he dicho, has despertado mi curiosidad de saber cómo sigue el relato...

¡Y eso sí que es una declaración de amor original, y lo demás son tonterías! XD

Me alegro de que te sientas feliz y de que todo te esté yendo mejor estos días. Ánimo, que sigas bien y, sobre todo, ¡ni se te ocurra deprimirte! Ese verbo, mejor que vaya desapareciendo de tu vocabulario. ;-)

Kaloni dijo...

Estas en un momento explendido, expimelo.
Me alegra verte así.
Gran momento creativo!! Xd que bueno!!

Anónimo dijo...

Por fin he tenido diez minutos para leer el relatito. Realmente, cuando estás de buen humor escribes mejor, sin duda. Lástima que el MSN esté fuera de mis posibilidades. Me he divertido mucho. Realmente se "ve" al Sr. Rowe haciendo de profesor tímido...

Por cierto, sólo le he encontrado una pequeña errata: los alveolos pulmonares no transforman el oxígeno en dióxido de carbono, sino que lo intercambian. Un error poco probable del timorato profesor, aún en un momento de nerrrrvios como ése. Pero qué puñetas, cualquiera no está con los pelos como escarpias... ;)

Noe_Izumi dijo...

Tienes razon, intercambio, y el dioxido de carbono se va de viaje por las venas... XDDD pero
el problema es, claro esta, que lo que dice el profe va de mi mano, asi que me equivoco yo y no el jajajajajja

Pues si te apetece leerlos todos, tu solo pidelo, y dame una direccion de correo... :) Es que me da palo hacerlo totalmente publico, pero quiern quiera, que pida

河曲勝人 - Kawano Katsuhito dijo...

"Pues si te apetece leerlos todos, tu solo pidelo, y dame una direccion de correo... :) Es que me da palo hacerlo totalmente publico, pero quiern quiera, que pida"

¡Uoooh uoooh! (Shin-chan dixit).

Si no tienes inconveniente, Noe-chan, yo me apunto también a esto de recibir las siguientes entregas por e-mail.

Mi dirección de e-mail ya la tienes por ahí, creo (y si no lo tienes, lo has perdido o lo que sea, dímelo). Y me puedes ir enviando los capítulos cuando tú quieras o cuando te venga bien, no tengo prisa alguna. ;-)